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La invisibilidad, sueño.
Entrevista a Ray Loriga
Cecilia Velasco

©tête-à-tête

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Empiezo preguntándole a Ray Loriga, ganador del Premio Alfaguara 2017, sobre su papel de guionista y director en la película Teresa o el cuerpo de Cristo

—Teresa me fascina. Es la patrona de los escritores de origen católico, aunque hayamos terminado de agnósticos; es patrona de los irlandeses. De Samuel Becket y Flannery O’Connor. Leí de chico El libro de la vida de Teresa, obra que adapto en la película; ahí se ve a la gran prosista. Lo escribió para defenderse ante los tribunales de la Inquisición. Teresa era una poeta más de andar por casa, pero tiene hallazgos. El grande fue su alumno, San Juan.

—“Los hombres no leen cosas de mujer sino para usarlas en su contra” es una frase de la película. ¿Es de Teresa?

— Sí. Para mí, el trabajo más delicado era alambicar mis frases con las suyas para que no saltaran ni las unas ni las otras. La frase es de ella, cuando la llevan a juicio. También esta, que me gusta mucho: “¡Demonio, demonio! ¿Qué decir tanto demonio pudiendo decir Dios? Temo y mucho. Pero más temo a quienes tanto temen al demonio que al demonio mismo”.

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— “Alumbradas, brujas, iluminadas: todo es lo mismo” es otra frase que se me quedó de tu película.

— Es perversa la herencia religiosa: a Eva se la relaciona con el pecado sexual, pero en la Biblia, Adán y Eva hacen y pasen, están desnudos e inocentes y tienen hijos. En eso no hay problema, sino en el árbol de la sabiduría. Adán dice que ese es el peligro y que no hay que preguntar, pero Eva pregunta y les echan por la curiosidad e inteligencia de ella.

— Curiosa e inteligente como Teresa.

— Más que de mi libro, podría pasar la mañana hablando de Teresa: la primera mujer en Occidente que firma un libro con su nombre, lo cual dice mucho. Y elige el apellido de su madre, Ahumada, lectora de novelas de romance y quien le inculca la lectura.

— Hemos hablado de mujeres fuertes, pero en el Ecuador crecen las cifras de mujeres asesinadas. ¿Qué piensas sobre este hecho como escritor, cineasta, artista?

— En España también suben las cifras. 68 al año. Como hombre, me irrita más allá de la razón. No encuentro nada que me permita comprender. Sociólogos y psicólogos intentan explicar en algo la violencia de género por la pérdida del poder masculino en sociedades más avanzadas, pero el perfil es transversal: no se concentra en sectores arcaicos, de menor cultura o tradiciones rurales, pues sucede en todos los ámbitos. Solo la explica la maldad, comparable con la de quienes atacan niños o asesinan con cuchillos.

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— Se hablaba de “crímenes pasionales”.

— En un crimen no hay pasión ni amor. “La maté porque era mía”: el proceso de celos es el mismo.

— En tu novela Rendición, los celos están ausentes, o casi. Y un personaje tuyo dice que matar a una mujer es especialmente cobarde.

— Los celos son naturales. Heterosexuales y homosexuales sienten celos. Hombres, mujeres y niños sienten el dolor del desamor. Lo que no es natural es hacer nada al respecto. En Rendición, el personaje se da cuenta o su mujer le dice que ama a otro. Si algo así te ocurre, empacas lo poco que puedas y te vas.

— De 1994 proviene tu novela Héroes, con un cierto contenido fantasioso, pero también épico. Ahora, Rendición: títulos decidores. ¿Del heroísmo a la derrota?

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— Diferenciaría entre derrota y rendición. Derrota es una cosa, y rendición es ceder ante una causa mayor e, incluso, abrazar una causa mayor, por fuerza o convencimiento. Te rindes a los pies de una dama por amor, por ejemplo. El título de Héroes es un homenaje a David Bowie; está dedicado a Ziggy Stardust, un personaje de Bowie. Un chico encerrado en una habitación sueña con el apoyo de unos ángeles musicales y crea su propio mundo interior para defenderse de agresiones.

— Hay armas y batallas reales o imaginarias. Sí hallo un contenido épico.

— Sí. También en Bowie está la idea del heroísmo, a través del sueño con grandes alturas épicas y poéticas. En Rendición, el personaje va rindiendo armas. Es verdad que los títulos no son tan casuales.

— Has dicho que la punta de la lanza se ha hecho roma. ¿Has experimentando pérdidas?

— Sí. En muchos sentidos, pero no con dolor sino como un cambio de circunstancias. El lugar que antes ocupaba la energía tal vez esté ocupado hoy por la reflexión. Unas causas van dejando lugar a otras. Unas potencias y poderes van disminuyendo, pero otras crecen: el balance lógico de vivir.

—…el protagonista es un Sancho Panza…

— Lo dijo ya una reseña de Babelia. El personaje enuncia verdades que fluctúan entre el refranero y el saber de la tierra, el clima. También enuncia verdades categóricas que van perdiendo peso a lo largo de la historia. El lenguaje, sin ser arcaico, busca la perennidad. Pensé en Juan Rulfo como guía, porque su lenguaje cruza los siglos. No pretendo tanto, pero si no se es ambicioso ¿para qué escribir? Poniatovska me dijo que le había costado descubrir la nacionalidad del autor, excepto por “follar”, que puse porque es la única que me suena al hablar de ello. “Hacer el amor” es un galicismo.

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— Empezaste a publicar a los 25 años. ¿Cómo recibe España a los escritores jóvenes en el siglo XXI?

— Algunos como yo y Ángel José Mañas, jóvenes, publicamos con éxito y los editores se entusiasmaron —no siempre razonablemente— y se dio paso a una manga demasiado ancha. “Joven” no añade nada a la palabra literatura, que es buena, mala o regular. La resaca que vino supuso que a los jóvenes que venían después de nosotros les costó mucho más entrar. Lo lógico es que los editores estén atentos a las novedades de los textos, más allá de las modas, que no me interesan. A los jóvenes les cuesta publicar su primer libro, lo que se compensa con el trabajo de las editoriales independientes en toda Hispanoamérica, que están publicando libros muy hermosos y singulares.

— Tu madre fue actriz en Venezuela. ¿Has mantenido vínculos con América Latina?

— No con Venezuela especialmente, pero sí con otros países. Por Héroes, viajé por toda América Latina, excepto Ecuador y Perú, que visito ahora. Mis libros han sido leídos en mercados editoriales fuertes como México, lo que me alegra mucho.

—¿Qué te sugiere lo invisible?

— En la Feria del Libro de Madrid, hace tres años, preguntaron a algunos autores qué personaje nos hubiera gustado ser, y yo dije que el hombre invisible, de Wells. Me fascina esa posibilidad, pues la invisibilidad es el lugar perfecto para un escritor: observar sin ser visto.



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